Es cierto que la “era digital” ha llegado. Y como toda nueva tecnología de la comunicación que ha hallado su utilidad y por sobre todo, una veta comercial altamente redituable, las que le dieron lugar están aquí para quedarse. También es verdad que su desarrollo cada vez más acelerado pone en un lugar central dentro de la agenda de los Estados, al análisis de estos cambios y a la elaboración de políticas públicas para atenderlos; más aún cuando este avance de las nuevas TICs se encuentra dirigido por las lógicas del mercado que las han ubicado como un factor más, que profundiza la desigualdad en el acceso al conocimiento y a las competencias que facilitan desenvolverse en un mundo altamente competitivo.
Tampoco es mentira, como fundamenta el programa “Conectándonos al futuro” de la Agencia Comodoro Conocimiento del Municipio de nuestra ciudad, que un uso planificado y estratégico de las tecnologías de la información y la comunicación, puede resultar innovador, promover talentos sociales y estimular la construcción colaborativa del conocimiento. También, contribuir a renovar a la vieja escuela cuyos formatos han entrado en crisis ante una nueva juventud cada vez más alejada de los escritos estables y las prácticas comunicativas tradicionales y afecta a la agilidad del lenguaje audiovisual y al carácter altamente dialógico, dinámico e interactivo de los dispositivos digitales.
Pero no es menos cierto, que el deslumbramiento ante las experiencias novedosas y fascinantes suele llevar nuestra atención a proyectos que si bien son substancialmente estimables dejan sin contemplación otros que aunque menos excéntricos y atractivos, resultan más estructurales, impostergables y aún irresueltos.
¿Cómo pensar la utilización productiva y democrática de las TICs en naciones en las que la población infanto-juvenil se haya sumida en más de un 50 por ciento en la pobreza? ¿Cómo determinar la destinación del presupuesto público al desarrollo de las TICs frente un sistema sanitario y educativo profundamente desfinanciado? ¿Cómo capacitar para un uso eficaz de las TICs a docentes con más de un empleo o con jornadas completas a cargo?
Los interrogantes se multiplican infinitamente producto de múltiples carencias que hace tiempo ruegan ser subsanadas.
Aún si pensamos en la existencia de poblaciones enteras en las que estos problemas se hayan erradicado; existen algunos factores extra-técnicos que deben ser observados. Como explica Mauricio Lazzarato en una entrevista realizada por el suplemento cultural “Ñ” del diario Clarín, “la máquina tecnológica supone y depende de la máquina social, de la cual no es más que una parte, una actualización entre otras”, se trata de comprender en qué maquina social las tecnologías deben estar integradas para producir resistencia y creación. “Internet, como toda máquina o dispositivo, puede producir procesos de sujeción o procesos de subjetivación, prácticas de sumisión o libertad”.
Cobra fuerza de este modo el concepto de “ensamblaje socio-técnico” elaborado por Adolfo Estalella Fernández, quien citando a Beijker afirma, “lo técnico está socialmente construido, y lo social está técnicamente construido”. Los usuarios construyen el significado de las tecnologías con sus prácticas y por ello estas últimas debiesen ocupar el centro de la reflexión sobre el gobierno digital junto a la definición de su rol, ya que los dispositivos tecnológicos pueden ser usufructuados para la estimulación de procesos políticos en términos de Ranciére, con fuerza creadora y promotora de cambios; pero también para el refuerzo de desarrollos policíacos con fines de establecimiento del orden, abortivos de todo tipo de creatividad naciente.
Cabe aclarar con el término “gobierno digital” se alude a su dimensión vinculada a las políticas de planificación de la implementación de las TICs y de promoción del acceso o reducción de la brecha digital en uno de los sentidos planteados por Ester Kaufman y Ricardo Sebastián Piana, el de “los programas que buscan incentivar y crear las condiciones de acceso, uso y apropiación de las TIC.
En este sentido, es preciso destacar la importancia de una escuela creativa y liberadora haciendo caso a la advertencia de Alejandro Piscitelli sobre la necesidad de una construcción dialéctica del conocimiento entre las TICs y la escuela, en la que esta última adquiere el deber neurálgico de dirigir los procesos de aprendizaje, propiciar el marco de reflexión sobre las prácticas y los conocimientos vehiculizados y dinamizados por las tecnologías, y planificar la adquisición estratégica de las competencias digitales de inteligencia colectiva, juego, performance, simulación, cognición distribuida, navegación transmedia, mulitasking, y especialmente, de apropiación.
Para finalizar, cabe recordar el siguiente fragmento de la introducción del informe de la UNESCO “Hacia las sociedades del conocimiento” que debe ser la premisa básica para el inicio de la discusión sobre la estimulación del conocimiento a través de los nuevos medios comunicacionales e informacionales:
“Hoy como ayer, el dominio del conocimiento puede ir acompañado de un cúmulo importante de desigualdades, exclusiones y luchas sociales (…) Actualmente, la difusión de las nuevas tecnologías y la aparición de la red pública Internet parecen abrir nuevas perspectivas a la ampliación del espacio público del conocimiento. A este respecto, podemos preguntarnos si poseemos ya los medios que permitan un acceso igual y universal al conocimiento, así como un auténtico aprovechamiento compartido de éste. Esta debe ser la piedra de toque de sociedades del conocimiento auténticas, que sean fuentes de un desarrollo humano y sostenible”.
Y que por medios se entienda a todo lo que necesitan los niños de nuestro mundo para crecer sanos y ejercer su derecho de aprender libres de condicionamientos, sin hambre, sin cansancio y sin dolores.
El riesgo político de las TICs es el deslumbramiento, decís aquí. Palabra, “deslumbramiento”, especialmente feliz para (me veo tentado a decir, iluminar este debate, pero me resisto a la tentación) profundizar en estas cuestiones. Por supuesto, la raíz de nuestra palabrita se relaciona con la luz (¿la electricidad de las TICs?), pero se aplica a quien “ve turbada su vista”, o incluso a quien ve su entendimiento “ofuscado por una pasión”. Pero esta pequeña indagación léxica tiene un resultado aún más interesante cuando encontramos que uno de los sentidos de “deslumbrar” es “Producir gran impresión con estudiado exceso de lujo” (RAE), exceso de lujo que -proviniendo de quienes sabemos- termina en la compra de espejitos de colores (espejitos que también deslumbrarían con su capacidad reflexiva).
¿Cómo balancear las potencialidades efectivas de las TICs con su condición estratégica para la reproducción del capital en su fase cognitiva? Me parece que por ahí deben ir nuestras discusiones: sin caer en la ceguera (deslumbrados), pero tampoco en la necedad.
Hay quienes dan al sueño con el deslumbramiento el siguiente significado: “No abandone la prudencia a causa de sus éxitos”.
[...] los trabajos presentados son muy buenos. Entre los que más me gustaron está el de Elisa Jaime, Ensamblajes socio-técnicos en la era digital: el desafío de pensar primero una sociedad diferente, donde hace una reflexión muy atinada sobre la tensión tecnología/pobreza, que es un tema [...]