CRISIS DE REPRESENTATIVIDAD EN LA CUENCA DEL GOLFO SAN JORGE
Esta situación sumada a un fuerte proceso de flexibilización y precarización laboral de todos los sectores y al retiro del Estado de las seguridades sociales y de las garantías públicas que se venía desarrollando hacía tiempo y que se hubo profundizado en la última década durante el gobierno de Carlos Menem; hizo de Comodoro Rivadavia una ciudad con miles de desocupados y la mayoría de sus habitantes empobrecidos.
Así, las múltiples necesidades de reinserción en el mundo del trabajo de los desempleados y de una mejora en las condiciones salariales y la calidad de vida de quienes aún conservaban sus puestos de labor, se articularon en un trascendente movimiento unificado con eje en la cuestión del trabajo en el que se congregó una “multitud” de identidades diversas, pero que tenían algo en común: todos sufrían un significativo descenso del nivel de vida, una fuerte desmejora de las condiciones laborales y se sentían desoídos por quienes habían sido electos por ellos para representarlos.
Inés M. Pousadela define como momentos de “crisis de representatividad” a situaciones como estas, de “cambios abruptos, repentinos y disruptivos”, pero también “pasajeros”, y en las que el lazo representativo falla por ausencia del reconocimiento de ese vínculo por parte de los representados. El descontento y la movilización se propagan como expresión del cuestionamiento a los representantes en su conjunto en los que se descree y de los que se sospecha, sin diferenciación de individualidades personales o pertenencia partidaria.
Al respecto, Luis Sandoval analiza tres tipos de razones que han intentado explicar la irrupción de una crisis de representatividad: la crisis económica, la massmediatización de la política y la fragmentación social; entre las que si bien la primera parece ser el factor decisivo en este caso, las otras dos han contribuido a allanar el camino a este quiebre representacional.
El primer aspecto, alude a la incapacidad de los gobiernos de dar respuesta a las demandas económico-sociales en un contexto de escasez y de derrumbe de las políticas del Estado de Bienestar. En este sentido, la imposibilidad de cualquier representante de restituir lo brindado por la actividad económica principal y recomponer lo desmantelado por años de desregulación y retraimiento estatal, encolerizó a la población y determinó que esta se organice por canales extra-estatales para la consecución de sus requerimientos.
Sin embargo, esto quizá habría sido diferente o hubiese tenido un desarrollo más lento si los otros dos aspectos no hubieran contribuido. Por su parte, la massmediatización de la política, analizada también por Pousadela como “democracia de audiencia”, concepto que alude a una fuerte tendencia que sitúa como centro de la actividad partidaria a los vínculos con los medios de comunicación y a la utilización de las encuestas de opinión, y ubica a la imagen por sobre el debate de ideas y a los líderes por sobre los programas de sus partidos, y que a su vez se va instalando acompañada por la decadencia de las antiguas identidades y subculturas partidarias; determinó la ausencia en algunos casos y la extrema debilidad en otros, de la una estructura partidaria firme en el plano territorial que actuase como barrera de contención de una ciudadanía desesperada. En un contexto en el que la construcción de los partidos que habitan mayoritariamente los espacios de representación se sostiene sobre la imagen mediática de sus principales candidatos, cualquier tambaleo de estos últimos propicia el derrumbe de los primeros.
Finalmente, la fragmentación del tejido social, explica Sandoval, producto del surgimiento en la modernidad tardía de nuevas identidades más parciales y fragmentarias, enfrentó a las organizaciones políticas tradicionales con un proceso creciente de complejización de lo social y lo político, ante el cual han perdido su capacidad de articulación de las demandas y expectativas de los distintos actores de la sociedad.
Así, estos tres factores contribuyen a la generación de un caldo de cultivo propicio para la emergencia de situaciones de crisis de representatividad y la consiguiente asociación de los ciudadanos en espacios por fuera del aparato estatal, en los que el ejercicio de la democracia directa y la puesta en práctica de los mandatos imperativos se constituyen como los modos privilegiados para la toma de decisiones.
Democracia directa: la capacidad de decir “no” y “es posible que”
Resulta lógico, que ante una substancial deslegitimación de los representantes, se prefieran las formas de ejercicio de la democracia que desechen por completo a la representación, la cual involucra inevitablemente cierto grado de autonomía de aquellos que representan -y en los que ya no se confía- respecto de los representados para la toma de decisiones.
Al respecto, Dominique Schnapper citada por Pousadela, afirma que en estas situaciones toda desigualdad como la que separa a representantes y representados, antes juzgada “normal”, se torna insoportable. “El igualitarismo contemporáneo se expresa según Schnapper, en la aspiración a no ser representado “más que por uno mismo”, que se traduce en reivindicaciones de participación y reclamos de democracia directa”.
Surge así en la región como consecuencia de este momento de crisis de las modalidades de democracia representativa y de las viejas estructuras partidarias, un numeroso movimiento de desocupados con forma de coordinadora al que se fueron sumando la mayoría de los sindicatos, en el que las asambleas constituyeron el órgano asociativo, deliberativo y resolutivo privilegiado y la democracia directa el método predominante de participación y gobierno. Llegaron a participar simultáneamente de los espacios asamblearios alrededor de diez mil personas, lo que en el 98′ representaba casi un diez por ciento de la población local.
Un rasgo significativo que da cuenta del rechazo de la posibilidad que ofrecen las democracias representativas a sus ciudadanos de peticionar pacíficamente a las autoridades, y del convencimiento de que éstas no responderían fácilmente a las demandas y reclamos aunque estos fuesen masivos, es el cambio en las maneras de reclamar que comenzó a experimentar el movimiento de desocupados.
A partir de aquella época, se inauguraron en Caleta Olivia primero y en Comodoro Rivadavia después, diferentes formas de afectación a la producción de petróleo como los cortes de todas las rutas mediante las que se accede a los yacimientos y la toma de las playas de tanques de almacenaje y distribución del hidrocarburo. Este fenómeno que más tarde comenzó a institucionalizarse y que hoy sigue siendo utilizado por nuevos grupos como modo de llamar la atención de los representantes o de presionarlos, da cuenta de la existencia en la ciudadanía de una visión de los gobernantes como representativos de los empresarios del crudo. De ahí, el entendimiento de que afectar los intereses de estos grupos económicos causaría la respuesta inmediata de las autoridades estatales.
En una entrevista realizada por Clarín a Paolo Virno para el suplemento cultural “Ñ”, este filósofo napolitano hace referencia a dos medios mentales que nos permiten cambiar nuestra forma de vida en el presente estrechamente ligados al lenguaje verbal: la capacidad de decir “no” y la de decir “es posible que”. “Y decir no, quiere decir tomar distancias de lo que hay y por ende, suponer una posibilidad distinta. Otro mundo es posible porque puedo decir no”.
Si bien esta mutación en las formas de reclamo no se corresponde con lo que Virno denomina como “éxodo” o construcción de instituciones de la vida pública más allá del Estado; existe una “multitud” que dice “no” a la desocupación, al hambre y al empobrecimiento, toma distancia de las formas tradicionales de reclamo y de los modos indirectos de democracia y finalmente, se inclina por una posibilidad distinta, la de las asambleas y los ataques al corazón del sistema productivo.
Se produce así un ataque al “imperio” mismo en términos de Antonio Negri, a la red transnacional del poder capitalista materializada en las empresas extractoras de petróleo, pero a los efectos de despertar la atención de unos representantes que solo responden cuando se toca a la franquicia local del “imperio”.
Por otra parte, la irrupción de estos quiebres en lo que hasta el momento eran las verdades institucionales abre una etapa signada por el predominio de lo que se crea en donde era imprevisible que se creara, de lo revolucionario, de lo que surge del cambio: de preponderancia del “poder constituyente” en palabras de Negri y de la “política” en palabras de Ranciére, como signos de un momento de profunda inestabilidad y de cuestionamiento de lo instituido, incluso del derecho incuestionable a la propiedad privada -lo que pudo verse en las tomas de fábricas y propiedades de empresas.
Sin embargo, la policía del orden o conjunto de procesos mediante los cuales el poder disciplina según Ranciére, ofreció fuerte resistencia. Las Fuerzas Armadas del Estado apelaron sin duda al recurso de la violencia para recomponer la estabilidad y garantizar los principios de la república representativa, lo que dejó un saldo de más de treinta muertos y centenares de heridos a nivel nacional. Cabe reflexionar, como hubiesen reaccionado los representantes si en lugar de reclamarse la conclusión de sus mandatos, se hubiese prescindido completamente de ellos procediendo al “éxodo” propuesto por Virno. Mejor no pensar en la posibilidad de que el territorio seleccionado para el asiento de los emigrantes afectará un interés empresarial.
Entre el fin de una crisis y el inicio de otra
Aunque en algún sentido esta crisis fue como cualquier otra, “pasajera” según Inés Pousadela, y junto a la posterior recuperación económica volvió a respirarse cierto aire de estabilidad en la institucionalidad local y también nacional, algunos movimientos se fueron disgregando luego de la consecución de la demanda de “trabajo genuino” y otros fueron cooptados mediante la contención institucional; los factores señalados por Sandoval como sus razones se mantuvieron hasta la actualidad.
Así, la estructura tradicional de los partidos continúa inmersa en un estancamiento, alejada de la vida de la socialización y la intervención política territorial, sustentada sobre la irrupción en lo mediático, la difusión de la imagen de los candidatos, la publicidad personalizada y las contiendas televisivas. Se mantiene en todo su esplendor la democracia de audiencia mientras los cuadros partidarios escasean y la militancia cotidiana y el imprescindible programa son un viejo ideal. Por otra parte, la fragmentación de las identidades sociales con sus respectivas demandas aún no consigue una articulación política que sirva de respuesta general.
También, la persistencia de la baja credibilidad en las instituciones estatales se refleja, por ejemplo, en la poca fiabilidad que se le otorgan a todos los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. Además, cinco años después de la destitución de Fernando De La Rúa se produjo una nueva revocación de un representante electo cuando los santacruceños determinaron la salida de Sancho de la gobernación de esa provincia.
Hoy, la fragilidad del sistema representativo y de la política en el tardocapitalismo no son solo recuerdos del 2001. Ante este panorama permanente y la posibilidad de una nueva debacle económica golpeándonos la puerta, un nuevo Argentinazo espera a la vuelta de la esquina.
Inés M. Pousadela. “Que se vayan todos. Enigmas de la representación política”, colección “Claves para todos”. Editorial Capital Intelectual.
Luis Sandoval. “La política del tardocapitalismo”, en www.nombrefalso.com.ar.
Muy bueno el artículo. Creo que es igualmente necio dar por muerta la problemática de la crisis de representación, como hacer de cuenta de que seguimos en pleno 2001/2002. La experiencia del 2001 mostró la capacidad de decir “no” de sectores muy amplios del país, pero también evidenció las dificultades para ir más allá, es decir para una la construcción de una articulación política nueva.
No estoy seguro de que un nuevo argentinazo esté a la vuelta de la esquina: para ello, apelando a la vieja fraseología marxista, sería necesario que a las condiciones “objetivas” (fragmentación social de la modernidad tardía, mediatización de la política, ambos factores estructurales) se le sumen condiciones “subjetivas” (una crisis económica, fuerte desocupación, etc.), elementos que -por ahora- no parecen tan claros. E incluso así, el río ya no sería el mismo.